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Benedicto XVI: 91 años.

Benedicto XVI: 91 años.

Ocean Castillo Loría.

“El Señor quiso que fuera su vicario, quiso que fuera “piedra” sobre la cual todos pisaran con firmeza. Le pido que compense la pobreza de mis fuerzas, para que sea valiente y fiel pastor de su rebaño”.

Benedicto XVI.

“Rezad por mí, para que no huya, asustado, delante de los lobos”.

Benedicto XVI.

“Es obvio que no quiere acabar su papado como Wojtyla, tomando decisiones que él no habría decidido. La Iglesia necesita una mano robusta”.

Javier Martínez. Director de la agencia de noticias Rome Reports.

“..Al renunciar quiere mostrar al mundo que un Papa sigue siendo un hombre y no un ser sobrenatural. Eso lo honra”.

Arnoldo Mora. Filósofo y teólogo costarricense.

“Existen dos Ratzinger, el del profesor de teología en Alemania, simpático, afable, que daba la mitad de lo que ganaba para que pudieran frecuentar la Universidad estudiantes pobres del Tercer Mundo, y el Ratzinger de después, obispo, cardenal y papa, duro con los teólogos de la Liberación, conservador en materia de costumbres y en el diálogo con la modernidad, intransigente con la nueva teología”.

Leonardo Boff, teólogo de la Liberación, condenado a silencio obsequioso por el Cardenal Ratzinger.

“Ratzinger y Benedicto XVI, son una misma persona en 2 roles diferentes con un común denominador: ser un gran teólogo y un férreo conservador. El Cardenal, defensor de la solidez doctrinal, y el Papa con dos herramientas: su capacidad de razonar y su autoridad eclesial. Al final, ni la una, ni la otra, le alcanzaron para continuar”.

El autor.

I

El 16 de abril, el Papa Emérito, Benedicto XVI, cumple 91 años. vale la pena recordarlo, desde su doble rol de Joseph Ratzinger, gran teólogo y férreo conservador y como Benedicto XVI, Papa capaz de razonar o imponer su autoridad eclesial.

Para la elaboración de este trabajo nos hemos basado en dos textos anteriores de nuestra autoría: Ratzinger y Benedicto XVI: un esfuerzo de balance y el futuro del Vaticano (De finales de febrero de 2013) y Pescadores de hombres, rocas y pastores: un análisis y reflexión sobre el Papado. De Juan Pablo II a Francisco (De julio de 2013)

Cuando Benedicto XVI asumió el trono Petrino, los conservadores vieron en él a un aliado formidable y los progresistas, miraron entre otras cosas, la posibilidad de un Papado duro e intransigente, pero con capacidad para continuar y profundizar la senda del conservadurismo iniciada por Juan Pablo II (Y por supuesto, el común de la gente y los medios de comunicación, comenzaron a hacer sus propias comparaciones entre uno y otro Papa)

Un Papa que no iba a caer en la trampa de la imagen construida por los medios de comunicación para la sociedad de masas. Benedicto XVI era un Pontífice destinado a generar reverencia por su sabiduría y enseñanzas.

Como lo veremos más adelante, uno de los objetivos del Papa era colocar a Dios en el centro del debate, pero desde una perspectiva conservadora, esto a partir de una idea central en el pensamiento del Cardenal Joseph Ratzinger: entre fe cristiana y razón no hay distancia, es decir, el credo cristiano es totalmente racional.

En ese sentido, la meta era que a través de la racionalidad del cristianismo, éste tuviera una palabra, un criterio, respecto a los diversos ámbitos de la vida, tanto la pública como la privada.

De este modo, el Catolicismo y su discurso alcanzando la totalidad del planeta serían altamente eficaces…

Juan Pablo II había sido en su vida antes de ingresar al orden ministerial de la Iglesia, un actor, y de ese conocimiento sacó provecho de cara a insertar su imagen y su mensaje en los medios de comunicación. Benedicto XVI, tenía a su haber la experiencia de 60 años de profesorado (20 de esos años dio clases en universidades públicas como: Bonn, Münster, Tubinga y Regensburg): su autoridad estaba sustentada en la razón, no en los gestos como su antecesor.

Ahora, la forma de presentación de los argumentos conservadores del Cardenal Ratzinger, hoy Papa Emérito Benedicto XVI, era muchas veces lineal, de la forma: “por la causa o causas “X”, se genera el efecto o los efectos del tipo “Y””. De este modo, ignoraba los contraargumentos a sus tesis.

El pesimismo de la personalidad a la que nos esforzaremos por realizar un balance, tanto como Cardenal, y como Papa, se puede resumir con el siguiente enunciado: “La modernidad ha generado una serie de daños… la respuesta a esta situación es volver a creer en Dios, de lo contrario los efectos serán peores”.

Al final, la verdad quedaría demostrada por una autoridad irrefutable (Dios) y la razón como fruto de la acción comunicativa de los seres humanos (Habermas), pasa a un segundo o tercer plano.

Así, para muchos adversarios, Benedicto debía ser refutado no desde la teología, sino desde la filosofía, repeliendo su tesis de que el cristianismo es racional y por lo tanto, es mera religión que no debe sustituir el intelecto. Lo cierto es que, nadie cumplió con creces esa refutación.

En ese sentido, se supone que Ratzinger, primero en su rol de Cardenal y luego de Papa, trataría de revestir al cristianismo de una racionalidad que presuntamente no posee, es decir, que al final el alemán sería un hombre hijo de la modernidad que criticaba con sus ideas conservadoras.

Entonces, el Cardenal y luego Papa, poseería dos espadas (Para parafrasear a San Anselmo y San Crisóstomo): la espada de la autoridad religiosa y la espada de la autoridad fruto de la racionalidad.

De este modo, la fe estaría unida a la razón y sería un sinsentido que la misma razón buscara contradecir la fe, en el tanto: el cristianismo es racional. Para los opositores del pensamiento del Papa renunciante, esto significaría dejar de ser seres humanos pensantes, y pasar a ser sujetos de los dictados de una autoridad, dígase religiosa, revestida de racionalidad.

Ahora bien, en Ratzinger y en Benedicto XVI (Esta misma persona en dos roles distintos), no había optimismo, lo que había era una solución de freno al presunto desastre que significa la modernidad: aceptar el cristianismo tal y como el Papa lo entendía y lo exponía: Dios, identidad occidental y familia.

II

En 1968, el profesor alemán en teología Joseph Ratzinger, tenía una cosa clara: el pecado dominaba al mundo, conflictos entre países y revueltas juveniles marcaban la agenda del planeta.

Súmese a esto, la muerte de dos líderes con una clara creencia cristiana, uno protestante y el otro católico: Martin Luther King Jr. y Robert Kennedy. Como fondo artístico de este cuadro, “The Beatles”, consolidaban su éxito con el álbum “Submarino amarillo”.

Las juventudes rebeldes se hundían en las drogas y el libertinaje… no había anclas sólidas a las que asirse… todo era relativismo…

Este asombrado profesor vivía un constante choque entre esa realidad a sus ojos anárquica, y su metódica forma de pensar con un sistema definido para abordar su objeto de estudio: Dios.

Como lo detallaremos más adelante, Ratzinger es criado en el marco de las ricas y profundas tradiciones cristiano – católicas de Baviera, zona sur del país teutón. A partir de allí estudiaría (Como corresponde a la formación tradicional del sacerdote), filosofía y teología, el doctorado en esta última rama lo obtendría en Múnich, y haría sus primeras armas como docente en las universidades de Münster y Bonn.

Ya en este punto de su vida, se destacaban dos claros rasgos de su forma de ser: era un hombre muy gentil y con inmensas inquietudes intelectuales, este segundo punto le sería útil cuando fungió como experto teólogo en el Concilio Vaticano II (1962 – 1965), convocado por el Papa Juan XXIII. Valga decir que ese papel de experto lo fungió con otros grandes teólogos: Congar, Häring, Küng, Rahner y Scillibeekcx.

Pero poco a poco, la mentalidad de Ratzinger fue cambiando… para 1967, en el marco de la celebración del ciento cincuenta aniversario de la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Tubinga, donde era profesor, pese a que las celebraciones eran muy tradicionales, los conflictos entre profesores eran fuertes.

Los conservadores por un lado, y por otro, aquellos que aceptaban cuando menos el debate respecto a la relatividad de la verdad, esto de la mano de autores como: el gran filósofo y teólogo Rudolph Bultmann y del filósofo existencialista Martin Heidegger.

Ratzinger era de la idea que estos autores permitían una separación de corte académico entre el contexto histórico de la teología cristiana y la teología misma, por lo que aceptaba el debate que se estaba dando en el claustro universitario.

En efecto, la filosofía existencialista tuvo su espacio en la Universidad de Tubinga, pero luego de esta corriente entró en el ámbito académico de esa institución el Marxismo. En el libro autobiográfico “Mi Vida”, del que hablaremos más adelante, Ratzinger dice que dicha corriente de pensamiento, estremeció los fundamentos mismos de la universidad.

En este punto, el Marxismo, interpretado en esa época de una determinada manera, atentaba contra el pensamiento del brillante profesor, la síntesis de las oposiciones entre Marxismo y Catolicismo, pueden resumirse así:

• En lugar de fe, ateísmo.

• En lugar de Iglesia, Estado.

• En lugar de sociedad, partido político.

• En lugar de ser humano espiritual, ser humano como unidad económica.

Por este tipo de ideas, la ordenada Facultad de Teología pasó al desorden… la rebelión juvenil quería acallar al sabio profesorado…

Precisamente, en un principio, Ratzinger creyó que la sabiduría de los académicos podría refrenar el desorden fruto del Marxismo, pero esto no se convirtió en realidad, de hecho, el Marxismo, fue conquistando a importantes grupos de profesores, la Facultad se estaba convirtiendo en un centro ideológico.

El profesor comenzó a tener miedo, no solo por el futuro de su amada Facultad de Teología, sino, por la fe cristiana misma…

Los teólogos seguían hablando en categorías teológicas, pero sus significados ya no eran los mismos:

• Pecado era opresión.

• Redención era revolución.

• Rectitud era justicia social.

En suma, lo que Ratzinger veía era la enseñanza de una especie de “Cristianismo Marxista”. Dentro de este contexto, Ratzinger postuló: “Cambiar el lenguaje cristiano, implica, perder su significado, y al perderse éste, se pierde a Dios mismo”.

Pero el profesor fue más allá: “El Marxismo no es un ideología que busca interpretar el cristianismo, en el fondo, busca sustituirlo”.

Así las cosas, no se tendría devoción a Dios, sino, al ateísmo, no se tendría moral, en el tanto, dicha moral se consideraría parte de la forma de pensar de las clases opresoras (La burguesía)

Los conflictos entre profesores se agudizaban y el antes admirado Joseph Ratzinger, pasó a ser una pieza más dentro del sistema de opresión burguesa para muchos de sus alumnos, alumnos que ahora despreciaban la fe, tal y como la entendía el profesor Bávaro.

A esta altura, Ratzinger comienza, junto a otros católicos dominados por el miedo al Marxismo, a unirse a sectores de iglesias Protestantes que temían igual al socialismo científico, en este punto, podríamos decir que el profesor alemán tiene en alguna medida una experiencia ecuménica, sobre todo con luteranos. Por lo menos frente al enemigo común que era el Marxismo, las diferencias entre Protestantes y Católicos, pasaban a segundo plano.

Estos luteranos y católicos, tenían puntos en común: “creían en un Dios vivo y en Cristo, el Verbo encarnado”…

La crisis provocada por el Marxismo pasaría (Santa Teresa de Ávila decía: “Nada te turbe, nada te espante… todo pasa”), pero la mente de Ratzinger quedaría marcada por ese episodio: quien en el pasado fuera progresista, había pasado al bando de los conservadores.

Así, cuando fue profesor en la Universidad de Regensburgo, ya no era el mismo Ratzinger de antes de “la crisis Marxista de Tubinga”.

Al ser nombrado Cardenal, ya estaba siendo nombrado un Cardenal de corte conservador.

Luego, como Arzobispo de Múnich, fortaleció el ala conservadora de la Iglesia Católica alemana.

Es por esto, y de esto también hablaremos más adelante, que no es extraño que el Papa Juan Pablo II, lo haya nombrado Perfecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde la misión que le fue encomendada, era el resguardar la pureza del credo cristiano, el ser el defensor del “Depósito de la Fe”.

Es en este puesto donde diseña todo su plan de reestructuración eclesial (Alimentado por su concepción pesimista del ser humano, éste fruto del pensamiento de San Agustín; el impacto que tuvo en él la revuelta estudiantil de 1968, de la que ya hemos hablado; y el miedo al proceso de reforma del Concilio Vaticano II) Dicho plan queda evidenciado en el libro – entrevista que realiza el autor católico italiano Vittorio Messori: “Informe sobre la fe”.

Sí, un gran teólogo y un férreo conservador fue lo que eligió el Colegio Cardenalicio, aquel 19 de abril de 2005 como Papa: Joseph Ratzinger, pasaba a ser Benedicto XVI…

Sus líneas generales de Pontificado habían quedado definidas desde la homilía dicha en la Misa para elegir nuevo Papa, en los inicios del Cónclave:

Muchos cristianos se han dejado llevar por los vientos cambiantes de las corrientes ideológicas de un extremo a otro: del marxismo al liberalismo hasta el libertinaje, del colectivismo al individualismo, del ateísmo a un vago misticismo.

• Se está imponiendo en el mundo la “dictadura del relativismo”, que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida sólo al propio yo y a sus deseos.

• Lo único que permanece en la eternidad es el alma humana, cuyo fruto es lo sembrado en ella (Está síntesis fue realizada por el teólogo español, Juan José Tamayo)

III

La Congregación para la Doctrina de la Fe era conocida en la antigüedad como la Santa Inquisición. Y así, como un gran inquisidor, comenzaron a ver ciertos ámbitos progresistas católicos al Cardenal Ratzinger.

“El ejecutor Ratzinger” perseguiría a los herejes.

“El Rottweiler de Dios” aplastaría la rebelión.

“El Cardenal Panzer” devastaría las desviaciones doctrinales en nombre de Jesucristo.

Cuando el Cardenal pasó a ser Papa, los sectores más conservadores del Catolicismo se gozaron, los sectores más progresistas, quizás rechinaron sus dientes… se dice que algunos oraron para que su pontificado fuera corto… y por lo que sucedió, parece que sus oraciones fueron respondidas.

Un teólogo y un férreo conservador, esto fue Ratzinger como Perfecto: desde allí acuerpó la tesis del “aborto como un pecado grave”, desde allí fortaleció la idea de que un político católico que apoyara el aborto, no debía ser votado por los miembros de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Ya siendo Papa, Ratzinger no dejó de ser aquel hombre amable y con inmensas inquietudes intelectuales, pero además, con un alma para decirlo de algún modo, más templada. A muchos les sorprendió que Benedicto XVI, hasta mostrara rasgos de buen humor como su predecesor Juan Pablo II.

Joseph Ratzinger, fue el Cardenal más viejo en ascender al trono de San Pedro: contaba en 2005, con 78 años. Antes de ese momento, el Cardenal aspiraba a volver a la vida entre lecturas, escribir libros y las aulas… esto sucedería una vez muriera “el Papa viajero” y él dejara de ser Perfecto.

Pero tal parece que a Ratzinger le sucede una experiencia parecida a la de Pedro (Guardando las lógicas distancias):

En el capítulo 21, versículo 18, del Evangelio según San Juan, leemos que Jesús le dice a Simón:

“En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará donde tú no quieras”.

Ese “otro que ciñó” a Ratzinger y “lo llevó donde él no quería”, fue el Colegio Cardenalicio (Y dentro de la interpretación de la teología católica clásica, el Espíritu Santo), por eso, Benedicto XVI confesó luego de su elección que le oraba a Dios diciendo: “Por favor, no me hagas esto”. Y posteriormente, a un grupo de peregrinos alemanes les diría: “Evidentemente, esta vez Él no me escuchó”.

Esta sería la prueba de que en el fondo Ratzinger no quería ser Papa y solo aceptó por su sentido del deber sumado a su gran voluntad, que solo fue quebrantada por su salud (Con lo que rompe el viejo dicho romano de que: “El Papa no se enferma hasta que muere”) y las divisiones internas dentro del clero… tal parece que Ratzinger fue Papa, en obediencia a la Iglesia Católica.

Bajo esta evidencia, no es extraño generar la hipótesis, de que al momento de decidir su renuncia su oración fuera: “Te dije, te dije que no lo hicieras… ahora escucha mi ruego, mi cansancio, mi soledad y déjame ir”.

Lo cierto es que la elección de Benedicto XVI, generó alegría dentro de muchas denominaciones Protestantes conservadoras, quienes compartían con él, su oposición a lo que dentro del Magisterio Católico se ha definido como la “cultura de la muerte” y el énfasis en el trasfondo salvífico del sacrificio de Jesús.

A esta altura, frente al cambio que había experimentado el Cardenal Ratzinger, bajo el rol de Benedicto XVI, algunos especialistas dijeron que la dureza del Cardenal como Perfecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, se debía a una directriz de Juan Pablo II, respecto a la posición que debía tener dicha estructura Vaticana.

Algunos llegaron a decir que fue elegido, para ser “un Papa de transición”, y que, se esperaba que su periodo fuera tranquilo, pero como veremos en un acápite posterior, esto último, no resultó para nada cierto.

IV

Ya en el acápite II de esta exposición, hemos visto como Ratzinger fue, en la lógica de clasificación general de corrientes teológicas en la Iglesia Católica, un progresista que se volvió conservador (Esto a partir de 1968), de algún modo, él inició apoyando la fabulosa aventura que resultó el Concilio Vaticano II, pero para decirlo de algún modo, al mirar su resultado, pensó “que se les había ido la mano” en materia de intentar modernizar a la Iglesia.

Es por ello que cerca de 1992, algunos sectores conservadores de la Iglesia buscaron la convocatoria de un Concilio Vaticano III, de cara a restaurar las tesis Tridentinas o del Vaticano I. Ratzinger no creyó en tal tesis, para él bastaba con reinterpretar el Concilio Vaticano II, a la luz de su predecesor.

La imagen de Ratzinger como perfecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, era de un hombre implacable, pero al momento de dar sus declaraciones sobre aquel potencial Concilio Vaticano III, a muchos periodistas les pareció un hombre lleno de didáctica para dar sus explicaciones y lleno de delicadeza (Cosa que como ya vimos, siempre lo ha caracterizado). Este Ratzinger parecía muy alejado del inquisidor intolerante y rígido.

Intolerancia y rigidez… una persona había dicho alguna vez a los medios de comunicación, que Ratzinger era el tipo de hombre que consideraba impensable que a estas alturas de la historia (Digamos el pasado siglo XX), se pensara con duda sobre lo que era o no era Católico. Para él (Sigue esta forma de razonar), la cosa es fácil, la Iglesia posee el depósito de la Fe, lo que se aleja de ese depósito no es católico, punto final.

Por otro lado, lo que ya hemos dicho de Ratzinger, permite entender porqué, algunos que lo han tratado cercanamente, niegan que sea un fundamentalista (Al mejor estilo de algunas denominaciones Protestantes) o feroz restaurador medieval capaz de no dejar piedra sobre piedra del Concilio Vaticano II.

Además, como ya lo dijimos antes, Ratzinger es criado en el marco de las ricas y profundas tradiciones cristiano – católicas de Baviera, zona sur de Alemania. Ratzinger es el hijo de un viejo policía de la Baviera que debe su fe colectiva de pueblo al Catolicismo Romano. Y pese a que en las últimas etapas de la II Guerra Mundial, él hoy hombre que encarna al Papa Emérito fue parte de las fuerzas nazis (De ahí el sobrenombre ya citado de “Cardenal Panzer”), todo parece indicar que fue insensible a esa ideología.

No… Joseph Ratzinger no era el frío ario que pretendía dibujar la propaganda nazi o con el que lo han querido relacionar sus más fuertes detractores, sobre todo los de izquierda marxista. Este hombre era un amante de la buena lectura y de la música exquisita. Pero lo que más sorprendía, era su proximidad a la Fe, a la esencia de la vida de la que dio ejemplo Jesucristo.

Así las cosas, la ferocidad con la que Ratzinger defendió la Doctrina de la Fe, encontraba su razón de ser, en el proteger de las presuntas desviaciones a las y los católicos promedio, y en esa protección, el cardenal veía una labor democrática en su defensa (Desde su perspectiva), daba voz a los que no tienen voz.

Y al final… “Dios que llama lo que no es para que sea…” por medio de esos que no tienen voz, terminará juzgando a los intelectuales, a esos intelectuales que niegan la simpleza de la fe bautismal.

De ese modo, cada quien puede expresar su opinión en materia de Fe, de hecho, para Ratzinger eso es parte de los derechos humanos, pero eso no da para generalizar en el sentido de que toda opinión de un católico sea católica.

Así como la gente puede opinar, el derecho de la Iglesia es decir cuáles de esas opiniones están conforme al Credo Católico (La sana doctrina) y cuáles no, es más, para el purpurado, ese no era solo un derecho de la Iglesia, sino, un deber.

Como teólogo, Ratzinger siempre se miró como el siervo inadecuado, de ahí que su fuerza proviniera de un Dios más poderoso que su pobre debilidad, esta última idea inclusive la expresó al momento de presentarse a la multitud de creyentes reunidos en la Plaza de San Pedro el 19 de abril del 2005 al mediodía.

Ahora, si bien en esta lectura socio – teológica, hemos dado algunos datos de la persona que encarnaría a Benedicto XVI, no pretendemos hacer una biografía de Ratzinger, de hecho, ya hemos citado su autobiografía que salió publicada en italiano en 1997, y como ya dijimos, se intitula “Mi Vida”.

En ese libro, “Mi Vida”, queda claro que, sus intereses en materia teológica, derivan de sus raíces Bávaras: la escatología (Entiéndase aquí la vida eterna), la liturgia, el nuevo pueblo de Dios, la revelación en la historia etc.

Tal parece que la obra teológica de la personalidad de la que hablamos, es atravesada por la idea de que la realidad que presenta la revelación cristiana es Jesucristo mismo. A partir de allí, es que la Iglesia actúa en la historia de los seres humanos y las colectividades de hombres y mujeres.

En ese mismo sentir, es rescatable el arranque de su forma de abordar los temas teológicos: el fijar los ojos en Cristo. En otro libro suyo: “La sal de la tierra”, dice: “Tener trato con Dios para mí es una necesidad. Tan necesario como respirar todos los días… si Dios no estuviese aquí presente, yo ya no podría respirar de manera adecuada”.

Y la verificación de esa experiencia es la Iglesia misma, que crece y decrece, pero no por eso deja de ser un espacio de fe, Cristo convoca a la humanidad, la hace su pueblo y les participa de la redención. Es en la Iglesia donde se vive la experiencia de Fe. Indudablemente, parte fundamental de esa experiencia es la Eucaristía (Ya como Benedicto XVI, algo se dice sobre este tema en su Encíclica “Dios es amor”)

Otras tesis teológicas del Cardenal Ratzinger fueron presentadas un año antes del texto “Mi vida”, en el libro – entrevista ya citado, “La sal de la tierra”. Es interesante como en este texto Ratzinger expone la forma de trabajar de la Curia Romana, pero después de que Benedicto XVI renunció, parece que el Cardenal desconocía ciertas actitudes de esta poderosa estructura en el Vaticano.

V

En el acápite III, dijimos que cuando el Cardenal Ratzinger pasa a ser Benedicto XVI, tiene un cambio en su imagen, en esta parte de nuestro trabajo profundizaremos en ello y veremos algunas expectativas generadas a partir de este hecho.

No cabe duda que Ratzinger, dígase Benedicto XVI, recibió la misión del Papado, luego de ser esta misión muy marcada por su antecesor, por lo que desde el comienzo de su Pontificado, muchos se preguntaban si Benedicto, podría implantar su huella en la institución eclesiástica.

En esta línea, no cabe duda que el Papa estaba claro del peso que asumía sobre sus hombros, pero como lo expresó en su primera homilía, confiaba en el apoyo de Dios y la oración de los fieles.

En este sentido, el pueblo Católico esperaba sus signos de calidez. Y en este mismo sentido, la juventud ansiaba un acercamiento de este Papa como lo hiciera Juan Pablo II. Valga decir, que en ambos puntos, el Papa hizo un esfuerzo, de gestos de calidez en su visita a México y de cercanía con la juventud en el encuentro que tuvo con ellos en Alemania, en agosto de 2005.

Sin embargo, en otras esferas (Las que podríamos definir como las progresistas), se esperaba un Papado autoritario (Con represión intelectual incluida) y centralizador (Con lo que el Sínodo o reunión de Obispos perdería protagonismo), y de igual manera, no se visualizaba por parte de este sector, la posibilidad de democratizar la Iglesia, y abrirla más a la participación del laicado.

Era por tales razones, que los progresistas temían un mayor retroceso en la práctica del Concilio Vaticano II, pese a ello, el Papa se había comprometido a continuar la concreción de dicho Concilio, y en entrevistas dadas poco antes de su elección, brindaba señales de propiciar alguna descentralización.

Otro desafío, que se le presentaba inicialmente a Benedicto XVI, era la falta de vocaciones, algunos sectores de católicos esperaban la definición de una estrategia que conllevara a la entrega de su misión apostólica como lo hiciera Juan Pablo II.

Asimismo, era claro que uno de los principales problemas que encontraría el nuevo Papa, era el de pederastia en la Iglesia, para muchos, este problema mostró sus mayores síntomas de gravedad en momentos en que Juan Pablo II ya estaba muy anciano y enfermo.

Como ya hemos dicho, se esperaba que Benedicto XVI tuviera una plena entrega a su misión pastoral, una entrega que le ayudara a combatir desde el trono Petrino, la profunda descristianización que azotaba (Y aún azota), al viejo continente (Como evidencia, en sus viajes predominaron los países Europeos, tales como: Francia, Alemania o España)

Esto quedaba reforzado por la interpretación que se dio a la escogencia del nombre Papal por parte de Ratzinger: en el catolicismo, tanto Benedicto de Nursia, como el Pontífice Benedicto XV, habían tenido entre sus prioridades la evangelización de Europa y su protección.

En el ámbito del ecumenismo, no se olvidaba como el Cardenal Ratzinger, apoyaba el documento “Dominus Iesus” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sostenía la superioridad de la Iglesia Católica por sobre otras denominaciones cristianas.

Pero he aquí otro cambio discursivo, ya que, siendo Papa, prácticamente expresó el compromiso de promover lo que el mismo llamó “la causa fundamental del ecumenismo” (como signo de ello, renunció a uno de los títulos Papales: “Patriarca de Occidente”)

Otro tanto dijo Benedicto sobre el diálogo interreligioso, en ese sentido, algunos especialistas pensaron que el Papa iba a tener un intenso diálogo con el Islamismo, sobre todo, tomando en cuenta entre otras condiciones, su fuerte y acelerada expansión en África.

En cuanto a la esfera de la política internacional, la expectativa era que el “Ratzinger Papa”, podría ser un referente de confianza para el sistema, tomando en cuenta los focos de polarización sobre todo, con ciertas facciones del Islamismo. En este punto incluso, el Papa tenía un fuerte mensaje espiritual que expresar: “Es el amor el que redime, no la violencia”.

Otro gran aporte que se esperaba del hoy Pontífice retirado, era en el campo de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo tomando en cuenta su talante intelectual y el hecho de que León XIII, Pío XI y Juan XXIII, abordaron el tema de la justicia social y Juan Pablo II le dio un gran énfasis al tema de la solidaridad.

En ese sentido, se esperaba que Benedicto XVI profundizara las críticas al capitalismo salvaje, pues como lo expresara Juan Pablo II: “Hay necesidades humanas que no encuentran soluciones en el mercado” (Con lo que se prueba que en materia doctrinal, Juan Pablo era conservador, pero presentaba rasgos progresistas en materia social) De este modo Benedicto podría enfrentar fuertemente el reto de la pobreza.

Para algunos progresistas era lamentable que Ratzinger se hubiera opuesto a la Teología de la Liberación, ya que dicha corriente presenta una profunda preocupación por este tema, lo que generaba la duda: ¿Sería Benedicto XVI la voz de esperanza para los pobres?

En esa lógica, también se tenían dudas de cómo el Papa percibía a América Latina, donde la cuestión indígena, la deuda externa y el tema de la tenencia de la tierra, se volvían (Y siguen siendo) apremiantes en determinados países de la región.

Lo cierto es que sus primeras reflexiones sobre el tema de la pobreza, se limitaron a verla como un producto de la falta de espiritualidad…

Por otro lado, de lo que sí parecía haberse dado cuenta el Papa en ese tiempo, era que la Iglesia es un medio y no un fin, que la aspiración de la Iglesia debe ser construir y manifestar el Reino de Dios.

En alguna medida, en este marco, el Papa parecía llamar a la conversión de la comunidad Católica, pero sin impulsar un diálogo pluralista que expusiera la heterogeneidad de la Iglesia, y que lograra la unidad en la diversidad, entendiendo de una vez por todas, que la obediencia no implicaba anulación de la criticidad.

VI

En este acápite, construiremos un mosaico de hechos y expresiones del Papado de Benedicto XVI, de manera que el lector o lectora, pueda contrastarlos con las expectativas que se tenían y se esbozaron en el acápite anterior (Esta información no se presenta en orden cronológico):

Conforme se desarrollaba el Pontificado de Benedicto XVI, eran evidentes algunas características:

• Se notaba la falta de carisma del Papa, lo que repercutía en el grado de atracción de la gente hacia el Pontífice. Una excepción fue su visita a Portugal, en mayo del 2010, o en la Jornada Mundial de la juventud en España en 2011.

• Más que un político, un pastor o un filósofo, el Papa se mostró como lo que fue y es: un teólogo. Como tal se mostró riguroso al exponer el dogma y su estilo fue introvertido.

• En el tema de abusos sexuales de sacerdotes a infantes, Benedicto XVI prohibió a quienes tuvieran perfiles psicológicos de alto riesgo, el ejercer el sacerdocio. De igual manera, prácticamente sancionó a Marcial Maciel, fundador de los “Legionarios de Cristo”. En junio de 2010, el Papa, en el cierre de un ensombrecido “Año Sacerdotal”, brinda una clara disculpa a las víctimas, sobre todo a aquellas de Alemania e Irlanda. La Carta Pastoral dirigida a Irlanda, es objeto de felicitaciones y críticas.

• Como Pontífice condenó las tesis del teólogo de la liberación Jon Sobrino, en materia cristológica, aunque para otros teólogos de esa corriente como Leonardo Boff, el Papa tuvo que ver poco con esa sanción. Es interesante, que mientras en su primer tomo del libro sobre Jesús de Nazaret, el Pontífice pide comprensión y simpatía a sus tesis, éste no tiene la misma lógica al señalar las ideas de Sobrino.

• Prohibió que los divorciados comulguen (Giró instrucciones que fortalecieron esta tesis)

• En su Encíclica “Dios es amor”, sostiene ideas de solidaridad social. De igual modo, en 2009, el tema central de la Jornada Mundial de la Paz, fue: “Combatir la pobreza, construir la paz”.

• En su mensaje para esa fecha, exponía el núcleo central de lo que sería su Encíclica en materia social: “Caritas in Veritate”, presentada en julio de ese año, y que buscaba una posible renovación de la Doctrina Social de la Iglesia. El método deductivo que utiliza (Ir de la premisa general del Magisterio de la Iglesia, a la especificidad de la realidad humana), le hace minimizar conflictos, y no tomar en cuenta importantes contradicciones, por lo que termina poniendo énfasis al “deber ser”. No propone nada nuevo en materia de discurso Magisterial, con lo que se demuestra que el problema del Papa era de índole ideológico.

• Entre la continuidad y la novedad, Benedicto XVI optó por la continuidad.

• Su pontificado terminó de aceptar el retorno de los “Lefebvrianos”, concediéndoles regresar de manera optativa a la Misa en latín (Misa Tridentina). Esto generó que un grupo de teólogos alemanes pidieran su dimisión.

• Agilizó el proceso para la incorporación de anglicanos tradicionales, que habían criticado en esa iglesia, la ordenación de mujeres y homosexuales.

• Al continente Africano, el mensaje de Benedicto XVI fue que debe combatirse el SIDA por medio de la castidad.

• Sus conflictos con el Islamismo fueron evidentes (El discurso en Ratisbona), tras los fuertes ataques a los cristianos en Egipto e Irak, el Papa hizo fuertes discursos en defensa de las comunidades creyentes en Jesucristo en esos lugares (Enero 2011)

• Promueve la fugaz beatificación de su antecesor Juan Pablo II (mayo 2011), con lo que no dejaba de buscar la reivindicación de su pontificado. El teólogo progresista, Hans Kung, criticó al Pontífice, por haber actuado de manera absolutista, violando el derecho eclesiástico, al acelerar el proceso de beatificación (Desde la edad media, ningún Papa había beatificado a su antecesor). El 19 de junio de 2013, la comisión de teólogos de la Congregación para la Causa de los Santos, había aprobado atribuirle un segundo milagro al beato Juan Pablo II, este evento debía ser confirmado por una comisión de Cardenales y luego, con un decreto dictado por el Papa Francisco. Más tarde se sabría que ese milagro, fue hecho en Costa Rica.

• A las altas esferas eclesiásticas, el Papa Benedicto XVI les daba el mensaje de que la Iglesia necesitaba (Y vuelve a decirlo poco antes de retirarse), purificación y reforma (Interesante que en el pasado otro alemán que hablara de ella fuera Martín Lutero), donde los Obispos deben cambiar su vida y alejarse de los placeres del mundo.

• El Papa resulta el centro del denominado escándalo de los “Vatileaks”, donde su mayordomo filtra cartas y documentos confidenciales de Benedicto XVI. Al final, éste perdona al ofensor. El medio oficial del Vaticano define la situación del Papa, como la de “un pastor rodeado por lobos”.

• Una vez más, el escándalo toca las puertas del denominado Banco del Vaticano, que involucra inclusive a Cardenales (poco antes de definir las fechas del Cónclave, los 151 Cardenales, tanto los electores, como los no – electores, examinaron a puerta cerrada las controvertidas finanzas de la Santa Sede)

Otros analistas hacen un balance más optimista del Pontificado de Benedicto XVI:

• Sus tres encíclicas son fundamentales.

• Escribe 130 cartas apostólicas.

• Asiste a 3 muy concurridas jornadas de la juventud.

• Asiste a 3 encuentros mundiales de las familias.

• Hace 54 viajes apostólicos (30 en Italia, 24 al exterior)

• Propició el diálogo entre cristianos (Con su libro en tres volúmenes sobre Jesús de Nazaret)

• Permite que la Iglesia dialogue con las diversas esferas de la vida social (Economía, política etc.)

• Permite que la Iglesia dialogue con los no creyentes (De ahí el proyecto de “el Cortil de los Gentiles”)

• Realizó 121 beatificaciones y 44 canonizaciones.

• Dirigió el Sínodo de Obispos sobre “Nueva Evangelización”.

• Inauguró el Año de la Fe.

• Introdujo a la Iglesia Católica a las redes sociales (Twitter)

VI

Entre el 11 y 12 de febrero de 2013, los diversos medios de prensa comunican la noticia que conmociona al Vaticano y resulta sorpresiva para el mundo: el Papa Benedicto XVI renunciaba por falta de fuerzas…

Según se notificaba, la renuncia se haría efectiva a partir del 28 de febrero de 2013 a las ocho de la noche, hora de Roma. Estábamos así, ante una situación prácticamente inédita donde el Papa renunciante pasaría al claustro: a escribir (Siendo conteste con 60 años de ejercicio académico) y a orar.

Esta decisión de enclaustrarse, fue criticada por teólogos que consideraron un riesgo tal situación, en el tanto, Benedicto XVI podría ejercer “un Papado en las sombras”, otros se limitaron en ver un problema en la convivencia dentro del Vaticano del Papa en funciones (Hoy sabemos que es Francisco) y el Papa emérito.

Benedicto XVI había renunciado porque entre otras cosas, no pudo aguantar el dinamismo que su antecesor le imprimió al rol del Papado… y he aquí una diferencia con Juan Pablo II, para usar la metáfora que se expresara en los últimos días del Papa polaco: “Benedicto XVI sí se bajó de la cruz”.

Benedicto XVI fue el Papa que con más edad ha asumido el cargo Papal, si su salud ya no se lo permitía y si se sentía sin colaboración cercana, hacía bien en renunciar. Esta fue la idea de importantes sectores de la Iglesia y analistas consultados en su momento. Solo como ilustración, en su visita a México, sus médicos le prohibieron ir al Distrito Federal, dado sus problemas del corazón e hipertensión, así como la artrosis que le provoca dificultades para caminar. De hecho, durante el desarrollo de aquella coyuntura, se informó que hacía poco tiempo, el Pontífice había sido sometido a una operación, para cambiar la batería de su marcapasos.

En otro orden de cosas, al mirar las reacciones de las diversas corrientes religiosas, es interesante observar como solo los representantes del islamismo, no olvidaban los errores del Papa. Los protestantes expresaron que la renuncia era valiente y un hito positivo y favorable para la Iglesia Católica. Los judíos reconocieron sus deseos de cercanía con ellos.

Pero los representantes del islamismo valoraron el pontificado del hoy Papa Emérito, como un conjunto de luces y sombras, con lo que se nota que no había caído en el olvido el famoso discurso en la Universidad de Ratisbona.

Si se busca una síntesis del Pontificado de Benedicto XVI, la caracterización puede arrojar los siguientes resultados:

• La Iglesia fue de afuera de hacia adentro (La reflexión por encima de la publicidad)

• Este Papa era un intelectual (Juan Pablo II era más de gestos y el Papa Francisco es altamente cordial)

• No era nada diplomático.

• El escándalo de los Vatileaks lo mostró como un Papa débil y manipulado que no logró imponerse a la Curia Romana.

• Reforzó a la Iglesia jerárquica, versus el concepto de Pueblo de Dios, propio del Concilio Vaticano II.

Luego de esta síntesis, no cabe más que la conclusión a la que llegara el teólogo de la liberación Juan José Tamayo, y que le expresara a la periodista Concha Lago: “Lejos de estar abierto a los desafíos de nuestro tiempo, dio respuestas del pasado a preguntas del presente”.

En esta línea, resulta ser que esa es la razón por la que, primero como Perfecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, y luego como Papa, se cerró a las lecturas teológicas que no eran afines a su visión de la Iglesia y del mundo.

En su última Misa multitudinaria, Benedicto XVI, el 13 de febrero de 2013 (miércoles de ceniza), expresó una serie de ideas que podían arrojar más luz sobre la situación de la Iglesia: allí habló de la división del clero, y la falta de unidad que estaban (¿Están?) afectando a la Iglesia. Además, habló contra la hipocresía religiosa, de quienes buscan el aplauso y la aprobación del público.

Esto permite lanzar una hipótesis en el sentido que las divisiones entre conservadores y progresistas, iban más allá dentro del estrato clerical y que, no todo éste apoyó al Sumo Pontífice (Inclusive, el filósofo y teólogo costarricense, Arnoldo Mora, llegó a escribir que: “…para un alemán debe haber sido especialmente doloroso sufrir en carne propia aquello que Napoleón calificó como “la capacidad infinita de intriga de los italianos”” (Periódico “La República”, 15 de febrero de 2013. P. 19)

De igual manera, puede ser que se hayan presentado criticas y quejas, en el sentido que la estrategia del Papa (Llevar la Iglesia hacia adentro, en lugar de hacia afuera), estuviera haciendo bajar la imagen del Vaticano, lo que perjudicaba a dicha estructura.

Otro elemento es lo informado por la revista italiana “Panorama”, en aquel momento, en el sentido que el Papa habría renunciado, en razón de la resistencia de la Curia Romana a las medidas de transparencia que él había solicitado, en razón del denominado escándalo de los “Vatileaks”. El Vaticano desmentiría tales versiones.

Si esta tesis es cierta, entonces Benedicto XVI habría renunciado por su falta de fuerzas ante la crisis tan grave que vivía la Iglesia Católica, por lo que humildemente decidió dejar el cargo y permitir que otro Papa, limpie a la Curia Romana (Es claro que una de las líneas de acción del Papa Francisco va en ese sentido)

En la línea de las divisiones dentro de la Iglesia, el teólogo brasileño Leonardo Boff, había dicho que había una clara disputa entre los Cardenales Bertone y Sodano, según Boff, Bertone, aprovechando las debilidades del Papa, prácticamente construyó un gobierno paralelo.

En el contexto de este conflicto, el Papa había terminado “reinando pero no gobernando”, por lo que sus acciones encontraban grandes obstáculos. Tal y como lo expresara el Vaticanista Luis Miguel Rocha: “…no tiene poder ninguno. Es el mejor teólogo de la actualidad, pero tenía problemas de liderazgo político y ha sido eso lo que le ha hecho renunciar” (“Cambio Político” 9 – 3 – 2013)

Por otra parte, resulta interesante que al despedirse de su diócesis el  14 de febrero de 2013, Benedicto XVI lanzara una alerta para renovar la Iglesia, cosa que él no pudo hacer.

En este contexto, Benedicto XVI expresó que parte de los problemas que tenía la Iglesia, estaban relacionados con la visión que los medios de comunicación daban de ella, lo que generaba muchos problemas (Lo cual refleja a su vez, la falta de planificación en trabajo de comunicación del Vaticano).

Aunque esos problemas de comunicación, no parecieron evidentes ese 28 de febrero del 2013, día de la despedida del Papa Benedicto XVI. Todo fue medido hasta los mínimos detalles, tal y como lo hiciera notar en un breve artículo (“Modernidad y premodernidad en el Vaticano”), el teólogo español Juan José Tamayo:

·  El nombre de “Obispo Emérito” o “Papa Emérito” a Benedicto XVI.

·  El tratamiento que recibiría.

·  La ropa que vestiría.

·  Detalles de la despedida de aquel 28 de febrero.

·  El helicóptero sobrevolando la cúpula del Vaticano.

La claridad de esa estrategia se complementaba por ejemplo con la trasmisión hecha por la cadena católica estadounidense, “EWTN”, cuando al sobrevolar el Vaticano, el helicóptero que llevaba a Benedicto XVI, el director periodístico de esa cadena decía a los televidentes entre fuertes emociones y lágrimas: “¡Te queremos Benedicto!”.

Hoy cumple años el Papa Emérito, será el transcurrir del tiempo, quien nos irá aclarando más su vida y su Pontificado.


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